La NBA frente al espejo del tanking: una propuesta desde el All-Star

La NBA frente al espejo del tanking: una propuesta para cambiar los incentivos desde el All-Star

La NBA frente al espejo del tanking: una propuesta para cambiar los incentivos desde el All-Star

La NBA vuelve del receso del Juego de Estrellas con una realidad incómoda sobre la mesa: el tanking no es un rumor ni una percepción, es una estrategia que varios equipos consideran válida mientras el sistema de incentivos lo permita. Y aunque el comisionado Adam Silver ha reconocido públicamente que el modelo actual genera “incentivos al revés”, la liga aún no ha dado el paso hacia una reforma estructural.

Este jueves por la noche, los Indiana Pacers visitarán a los Washington Wizards en el primer tramo del calendario posterior al All-Star. En teoría, el duelo ofrecía ingredientes atractivos: Ivica Zubac, recién adquirido por Indiana; Trae Young y Anthony Davis, las dos grandes incorporaciones All-Star de Washington; y Pascal Siakam como figura consolidada de los Pacers.

Sin embargo, la realidad es otra. Zubac continúa fuera por una lesión de tobillo anunciada tras su traspaso desde los LA Clippers, pese a haber disputado 15 de los 16 partidos previos al movimiento. Young permanece inactivo por molestias en la pierna diagnosticadas tras su llegada desde los Atlanta Hawks. Davis tampoco está disponible por una lesión en la mano sufrida antes de ser adquirido de los Dallas Mavericks.

El resultado es un partido entre equipos que suman apenas 29 victorias combinadas y que, más que competir por playoffs, parecen estar compitiendo por mejores probabilidades en la lotería del draft.

Más tarde ese mismo jueves, el Utah Jazz visitará a los Memphis Grizzlies. Lo que pudo haber sido el regreso a casa de Jaren Jackson Jr., adquirido en un movimiento sorpresivo antes de la fecha límite del 5 de febrero, terminó en otra señal preocupante. Utah fue multado con 500 mil dólares por la gestión del tiempo de juego de Jackson y de Lauri Markkanen en un triunfo en Miami. Poco después, el equipo anunció que Jackson se perderá el resto de la temporada tras una cirugía de rodilla.

En ambos casos, la sensación es la misma: organizaciones que, ante la ausencia de incentivos reales para competir, optan por maximizar sus probabilidades de obtener una selección alta en el draft de mayo.

Adam Silver lo expresó sin rodeos durante su conferencia anual del fin de semana del All-Star: el sistema tradicional, en el que los peores equipos obtienen las mejores selecciones, contradice la lógica económica. “Cuando cualquier economista analiza nuestro sistema, siempre señala: ahí los incentivos están al revés”, dijo el comisionado.

Pero la lógica deportiva ha sido distinta durante décadas. Recompensar al peor registro con la mejor oportunidad de reconstrucción ha sido parte del ADN de la liga. El problema surge cuando la diferencia entre competir y perder deliberadamente se vuelve difusa.

Un ejecutivo veterano de la Conferencia Este lo resumió con franqueza: “Hasta que la liga cambie el sistema, los equipos seguirán perdiendo si esa es la mejor manera de conseguir jugadores”.

Propuesta: contar las victorias después del All-Star

En ese contexto surge una idea que gana fuerza entre algunos ejecutivos: que las probabilidades de la lotería se determinen exclusivamente en función de las victorias obtenidas después del receso del Juego de Estrellas.

El planteamiento es sencillo en su lógica y ambicioso en su impacto. En lugar de premiar al peor equipo de toda la temporada, se premiaría al peor desempeño en el tramo posterior al All-Star. Esto cambiaría radicalmente el comportamiento estratégico.

Bajo este sistema, los equipos que hayan tenido una mala primera mitad tendrían un fuerte incentivo para competir después del receso. Si quieren mejorar sus probabilidades en la lotería, deberían ganar más partidos en ese tramo, no perderlos. La narrativa cambiaría: en vez de sentar a jugadores clave, el incentivo sería desarrollarlos y competir.

Además, la segunda mitad del calendario “tradicionalmente una etapa en la que varios equipos desconectan” adquiriría mayor relevancia competitiva. Los aficionados no se encontrarían con plantillas diezmadas por “lesiones estratégicas”, y la integridad del espectáculo se vería reforzada.

Los críticos podrían argumentar que esto generaría nuevas formas de manipulación: por ejemplo, equipos que intenten ser competitivos en la primera mitad y luego ajusten su estrategia tras el All-Star. Sin embargo, el simple hecho de que el foco cambie hacia un periodo específico obligaría a las franquicias a mantener un estándar competitivo más consistente.

La NBA ya ha intentado abordar el tanking con reformas a la lotería que redujeron las probabilidades del peor equipo de obtener el primer pick. No obstante, la evidencia sugiere que las modificaciones no han eliminado el incentivo básico: perder sigue siendo, en ciertos contextos, una estrategia racional.

La propuesta de contabilizar solo las victorias tras el All-Star no elimina por completo el problema, pero lo redefine. Traslada la presión competitiva a un momento clave del calendario y devuelve relevancia a una parte de la temporada que hoy suele quedar en segundo plano para las franquicias fuera de la lucha por playoffs.

Si la liga realmente quiere alinear los incentivos con el espíritu competitivo que promueve, deberá atreverse a modificar las reglas del juego. Porque mientras el sistema premie al que pierde más, el tanking no será una anomalía: será una consecuencia lógica.

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